Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Juan Avilán

Por Juan Macedo

 

La historia de Juan Agustín Avilán Rodríguez comenzó en 1896, en Petare, cuando Caracas todavía era una ciudad de techos rojos y carretas. Hijo de Don Francisco Avilán y Doña Avelina Rodríguez, perteneciente a una familia humilde, el joven Juan Agustín no buscaba la gloria en los campos de batalla, sino en el arte de capturar la luz. Bajo la tutela del maestro Manuel Delhom, aprendió que la fotografía no era solo apretar un botón, sino esperar el momento exacto en que la realidad se rinde ante el lente.

 

A los 15 años, mientras otros jóvenes soñaban con uniformes militares, él ya estaba haciendo historia. En 1911, durante el Centenario de la Independencia, Juan Avilán realizó sus primeros ensayos con luz de magnesio. Imaginen el estruendo y el humo blanco invadiendo la Plaza Bolívar; allí estaba él, un muchacho imberbe, logrando lo que pocos se atrevían: desafiar a la oscuridad para entregarle al país su propia imagen.

 

Juan Avilán no se quedó estancado en el retrato de estudio. Su espíritu era inquieto, como un caballo en el aparato de partidas. El 17 de septiembre de 1925, fue pieza fundamental en el nacimiento de la Revista Élite. Aquel primer número llevaba un mensaje humilde: “Una revista más... ¿Y por qué no?”. Pero no fue una revista más; fue la plataforma que profesionalizó el fotoperiodismo en Venezuela.

 

Sin embargo, el corazón de Juan Avilán latía al ritmo de los cascos sobre la arena y el grito de la tribuna. En 1943, junto al legendario Herman "Chiquitín" Ettedgui, fundó Mundo Deportivo. Allí, el "Viejo" comprendió que el deporte necesitaba épica visual. Sus fotos no solo registraban el ganador; registraban el esfuerzo del jinete, la tensión del músculo del caballo y la desesperación del apostador en la baranda.

 

Si hubo una publicación donde Avilán se consagró como el patriarca del periodismo hípico, esa fue la Revista Hípica La Fusta. En el antiguo Hipódromo Nacional El Paraíso, Avilán era una figura fija. Cargando sus pesadas cámaras de placa y, más tarde, las modernas Rolleiflex o Leica, se ubicaba en los puntos estratégicos de la pista.

 

Para un reportero hípico, la foto de la llegada es el "pan nuestro de cada día", pero para el "Viejo", cada carrera era una batalla distinta. Sabía leer la pista mejor que muchos jinetes. Sabía quién venía "sobrado" y quién venía "castigado". Sus gráficas en La Fusta eran documentos de fe: si Avilán decía que un caballo puso la nariz primero, no había reclamo de comisarios que valiera ante el juicio de su lente.

 

¿Por qué todos, desde el director del diario hasta el muchacho del café, lo llamaban "Viejo"? No era un asunto de edad cronológica, sino de jerarquía espiritual. Avilán se convirtió en el "Padre de la Prensa Gráfica". En las redacciones de las Revistas Ahora, Élite y La Fusta, su mesa era un oráculo. Poseía una bonhomía y una caballerosidad que ya empezaban a escasear. Siempre tenía un consejo para el fotógrafo novato que no sabía cómo medir la luz bajo el sol inclemente del mediodía hípico, o una anécdota de los tiempos de la dictadura de Gómez para calmar los ánimos en una noche de cierre de edición.

 

Juan Avilán nos dejó físicamente el jueves 12 de marzo de 1964. Su partida causó un hondo pesar, como bien decía un recorte que rescatamos del olvido. Los círculos sociales y las salas de redacción guardaron un minuto de silencio que pesó más que todo el plomo de las linotipias. Falleció siendo un hombre de bien, dejando un vacío que, como dijeron sus colegas, sería "imposible de llenar". Se llevó consigo el secreto de cómo capturar el alma de una nación que pasaba de lo rural a lo moderno, pero nos dejó miles de negativos que son, hoy por hoy, el tesoro visual de Venezuela.

 

Hoy, cuando tomamos una foto con un teléfono celular en segundos, debemos recordar al "Viejo" Avilán. Él cargaba maletas pesadas, revelaba en cuartos oscuros oliendo a químicos fuertes y esperaba horas por una sola toma. Juan Avilán no fue solo un fotógrafo; fue el hombre que le dio ojos al deporte venezolano. Cada vez que vean una foto antigua de un jockey celebrando en el círculo de ganadores o un caballo cruzando la meta en un final de fotografía, busquen el espíritu del "Viejo". Él estuvo allí primero.

 

Fuentes: Revista Gaceta Hípica, Revista La Fusta.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, sábado 31 de enero de 2026

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