Anécdotas Hípicas Venezolanas y Foro Hípico presenta

Origen de las carreras de caballos:

Diocles

Por Mauricio Azar

 

El más famoso de todos los aurigas (conductor de coches de carreras de caballos) de la Roma antigua, fue Cayo Apuleyo Diocles, simplemente Diocles para la multitud aficionada a las carreras de coches tirados por caballos. Un grupo de ligeros carros de dos ruedas conducido por aurigas, generalmente esclavos, conformaban una escudería (stud) con divisa unicolor. Así, en aquel imperio romano de los primeros siglos de la era cristiana, competían las escuderías blanca, verde, azul y roja que, bajo el gobierno del maléfico emperador y gran aficionado llamado Neron, fueron subvencionadas durante su reinado, incentivando un gran crecimiento del número de competencias (Año 54-68 D.C.). 

 

 

En el circo construido bajo su gobierno, en terrenos hoy del Vaticano, se celebraban cientos de competencias cada año. La organización era tal que se levantaban actas donde aparecen los caballos ganadores, sus pedigrís, los aurigas y como corría cada uno (adelante, de atrás, partieron con atraso, etc.).  Todo ello se convierte en un deleite al navegar por Wikipedia en un trayecto lleno de sorpresas que, el lector interesado, puede disfrutar con creces. El auriga era el eje del popular deporte y no los caballos.

 

En las carreras competían bigas, trigas, cuadrigas, es decir carros ligeros tirados por dos, tres, cuatro y ocasionalmente un número mayor de caballos, que en su gran mayoría eran traídos de la península ibérica y de Marruecos. En Actas, lápidas y epígrafes se descifraron estadísticas tan detalladas, que hoy día se sabe cuántas carreras ganaron los aurigas famosos con los diferentes tiros de caballos y el dinero producido.

 

Se cita a Diocles como el más famoso de todos en el siglo II D.C., con los siguientes números: 1462 carreras ganadas en 4257 competencias, y la “impresionante suma” de 35.863.120 setercios, una moneda de plata que representaba ¼ de la unidad monetaria (denario).

 

Aurigas y Caballos Miliarios.

 

Hubo aurigas miliarios y caballos miliarios (ganadores de 1.000 o más carreras).  Aunque luzca increíble, una extensa bibliografía así lo relata. Diocles ganó con tiro de hasta 10 caballos, según constaba en las actas del circo.  Diocles prefería correr de atrás porque su atropellada enloquecía a las multitudes.  Hizo bicentenario a un caballo y centenarios a nueve.  Con yunta de los mismos caballos (Cotino y Pompeyano) venció 99 veces. En una misma tarde ganó dos veces con tiro de 6 caballos, una vez con 7 y otra en cuadriga sin látigo. Hubo otros aurigas que obtuvieron un número mayor de victorias pero el “Rey de los Clásicos” o Premios mayores fue Diocles, el Jaramillete romano.

 

 

Circo Máximo.

 

La tradición de las carreras romanas fue hereda de la cultura y costumbres de la enigmática civilización etrusca (Siglo VII A.C.) asentada en la hoy provincia Toscana (Italia Central).

 

Un circo etrusco construido 600 años A.C., fue bautizado en el siglo I por los romanos como el Circo Máximo localizado entre el monte Palatino y el Aventino.  Era tan grande que podía albergar 150.000 personas. Reconstruido por Julio César, tenía un recorrido de 620 m y una anchura de 150 m (ó 275?) para darle cabida a competencias de 12 a 24 coches. Como al pueblo había que darle “Pan y Circo” (“panen et circensis”), según los emperadores romanos, existieron muchos otros circos afuera de Roma: Alejandría, Antioquía, Constantinopla (Estambul frente a la actual mezquita azul, donde todavía se aprecian huellas de su recorrido). En Judea el Rey Herodes hizo construir 4 hipódromos. En el año 324 D.C., Constantino el Grande, renovó la ciudad (Estambul) y con ella el hipódromo que estaba conectado al Palacio del Emperador y a la Iglesia de Santa Sofía, mediante túneles subterráneos. Similar comunicación se hizo en Roma, entre el Palacio Real y el Coliseo, el hipódromo de Nerón y el Circo Máximo.

 

 

Mientras el emperador Julio César asistía a las carreras, solo le interesaba aparecer ante el gran público, pasando el rato leyendo y firmando documentos. Nerón, en cambio, no se perdía una jornada de carreras. En una oportunidad salió a competir conduciendo su carroza y en el primer codo de su propio hipódromo, rodó aparatosamente ¡siendo declarado ganador oficial de la competencia!

 

Eran comunes las carreras de 7 a 12 vueltas (de 620 m c/u), con una señal que se levantaba en el centro de la pista para indicar cuantas vueltas faltaban para finalizar la competencia.

 

Por el cerrado diseño de la pista los accidentes mortales eran frecuentes.  Famosos personajes como el Rey Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno, competía personalmente (Siglo IV A.C.).  También el padre de la Historia, Heródoto hizo lo mismo. La premiación consistía en 140 ánforas de aceite de oliva que el vencedor podía comerciar (Grecia); o una corona de laurel y dinero en metálico (Roma).

 

Un antecedente del aparato de partidas en Grecia.

 

Siendo la mayoría de los circos de carreras circulares, un arquitecto griego (Kleoitas) inventó un sistema de partidas para que todos los coches recorrieran la misma distancia. Al efecto, unas puertas escalonadas desde la parte externa hasta la interna caían al piso al darse la partida. Por supuesto que las puertas correspondientes a los que iniciaban desde adentro estaban más atrás que las correspondientes a los que salían desde afuera.

 

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Anécdotas Hípicas Venezolanas, viernes 27 de noviembre de 2015

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