Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Life On Mars

Por Winston Hernández

 

El protagonista de esta gran serie británica, producida por la BBC, despierta y se encuentra 30 años en el pasado. Al escribir sobre la época en que nació el hipódromo de Valencia, afloran las vivencias y recuerdos de los mejores años de mi vida: cuando era estudiante de bachillerato.

 

Lo que leerán a continuación es el editorial de la columna “Ensalada de Vainitas” publicada en el blog del mismo nombre el 10 de marzo de 2009. En aquel momento, el futuro del hipódromo nacional de Valencia era incierto. De hecho, se temía lo peor que no era otra cosa que el cierre definitivo. Pero, a Dios gracias, el hipismo en Venezuela ha demostrado gran fortaleza y – hasta la fecha – ha superado las duras pruebas a las que ha sido sometido. Deseamos de todo corazón la continuidad de este gran deporte espectáculo que es mucho más que un pasatiempo para quienes lo vivimos y amamos con intensidad. De inmediato, el editorial:

 

Full nostalgia desde los 80’s hasta nuestros días… Hablar de HINAVA significa para mí desempolvar de la memoria recuerdos que creía desaparecidos. Cuando se inauguró oficialmente el Hipódromo de Valencia el 25 de marzo de 1983, siendo el Dr. Luis Herrera Campins (+) el Presidente de la República y el Dr. Guillermo Boggiano Corona el Presidente del INH, yo tenía 14 años cumplidos y cursaba el tercer año de bachillerato en lo que se llamaba para la época “Instituto de Ciclo Básico Común Simón Bolívar” en las esquinas de Cuño a Caja de Agua. Luego, en 1984 y 1985 cuando cursé estudios en el Liceo “Fermín Toro”, en Caracas, lo primero que hacía después de ponerme al día con mis obligaciones escolares era ir al quiosco para comprar “Estudio Hípico Valencia”, la versión que para ese hipódromo elaboraba el Ingeniero Nicolás Schedrin Egorenko con muchísimos aciertos en su famoso “esquema computarizado”. La primera carrera disputada oficialmente al inaugurar HINAVA (hubo pretemporada en 1978) fue una contundente victoria para Tintoreto, un entrenado por Jesús “Tito” Pérez y propiedad de Ramón Jiménez que perteneció a la misma generación de: Trinycarol, Invested Gail, Ristre y Salt Lake; además de competir contra: Tajoreal, Val Fleurie, Gorjeadora, North Music y compañía. Fue conducido por el “diablo” Ángel Francisco Parra y superó a Latin Lover en marca de 102.0 para 1.700 metros. Un récord que ni siquiera el campeón My Own Business pudo batir en casi 25 años de historia. ¿Cómo no recordar aquella época feliz? Desde sus propios comienzos Valencia se caracterizó por ser el “hipódromo de las sorpresas”. Al principio, muchos “invasores” que iban desde La Rinconada ganaban en su incursión en el óvalo valenciano y pagando excelentes dividendos (hasta que la gente se comenzó a dar cuenta). Recuerdo que visité el hipódromo por primera vez, en vacaciones escolares, con mi madre y mi hermano – mi padre trabajaba como auxiliar de farmacia y no pudo acompañarnos – cuando tenía 15 años y al salir del hotel estaban pasando a las 3:00 de la tarde, por un canal que se llamaba RCTV, la versión de “La Usurpadora” en blanco y negro protagonizada por Marina Baura y Raúl Amundaray. ¿Qué cosas hicieron especiales al Hipódromo de Valencia? Su historia entera: es el único óvalo de Venezuela con carreras en 1.700 metros, las absurdas en milla y las de 1.000 metros en curva, el Pool de Seis que sólo se podía sellar en el hipódromo, las transmisiones de Héctor Alonso Rivas que le dieron impulso decisivo al hipismo valenciano, el “descriptivo” Andor Tarkanyi en la narración interna, Víctor Murillo llevando oportunamente la información a través de Radio Continente 590 AM con sus frases “la llegada es chiquitica y “adivinen quién partió mal…”, el comentarista y exitoso pronosticador Oswaldo Antequera, el destacado periodista Antonio Narváez, los suplementos hípicos de los diarios Noti-Tarde y El Carabobeño, el “paralelo” con la gente yendo a La Rinconada para escuchar las carreras de Valencia y jugar en Caracas, la transmisión interna – mucho antes de TrackTv – mostrando la pantalla con una imagen “verdosa” y el cronómetro señalando los parciales – algo que nunca se hizo en Santa Rita ni en La Rinconada -, el “perpetuo” reinado de Antonio Sano, la maestría y caballerosidad de Don Reinaldo Hernández Rosal (+), la clase en punta del “mudo” Jesús Rodríguez, Lenín Macías, Samuel Camacho, Alfredo León, Ramón Felipe Rubio, Silvio Rovero, Pedro Yánez, Rafael Ángel Frazzani, Alcides Abreu, Leonel Reyes Ramos, Luis Fontes Jr., Mauro Bellardi, Carlos Urrutia, Paolo Celauro, Giuseppe Culicetto (+), Ismael Martínez, Rafael Landínez, Giovanni Milicia, Bernardo López, William Taylor, Aldo Traversa, Cándido Marcano, Antonio Addario, el Centro de Entrenamiento “Valencia”, el Centro de Entrenamiento “María Blanca”, la promesa incumplida del semental Octavo (Roberto); los comienzos de Juan Carlos Ávila, el morocho Yanir Hurtado y Armando López García; las recientes triples coronas consecutivas de Joyful Minister y El Nevado, el récord de la campeona Money River en 1.800 metros; los recordados: Nice Finger, Gunga Din, Noble Taut, Hazard, New Forli, Súper Sergio, la campeona Wonder Again, Linyera, Money Plus, She’s a Lady, Longaray; las victorias de los “invasores” caraqueños: Jet Prince, Kúrtico, Lady Raquel, Torricelli, Nandito y Vinceró en el Clásico “Batalla de Carabobo”, el tordillo Pagary, Dama de Hielo y su “mutis” inesperado, Skuke, Ta’Bravo, Mister Byron, Gran Relámpago y un largo etcétera de nombres que vienen a mi mente cuando escribo estas líneas y el futuro del segundo hipódromo de Venezuela luce incierto. Pero todos estos recuerdos y vivencias no podrán ser arrebatados. Quizás es que esté llegando poco a poco el momento de dedicarse a otra cosa, pero no cambiaría por nada del mundo lo vivido y si pudiera… lo viviría de nuevo… “Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces”. Marco Valerio Marcial (40-104) Poeta latino.

 

Nota adicional: en relación al Pool de 6 interno que se jugaba en Valencia, recuerdo un hecho muy simpático. Un señor tenía un quiosco de revistas y periódicos  llamado “El Pregón” justo debajo del puente Llaguno en plena Avenida Baralt. Los días que había carreras en Valencia, este hombre recibía de todo aquel que quisiera jugar: el cuadro marcado, el monto de la apuesta y dos bolívares adicionales por el servicio de sellarlo. Aquel caballero se iba hasta Valencia con aquel montón de formularios y regresaba esa misma tarde-noche antes de la primera válida con la finalidad de entregar el mandado. Ustedes se podrán imaginar la clase de tumulto que se formaba debajo del puente cuando el señor llegaba y empezaba a entregar los boletos: aquello era una auténtica gallera. A la idea de este buen amigo es a lo que yo llamo tener iniciativa y saber buscar el dinero. Aún, hoy en día, él sigue teniendo su quiosko y continua siendo gran aficionado de las carreras de caballos, pero el avance de los tiempos y la aparición de los centros hípicos le arruinaron esa forma de “rebusque” que era tan original.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 28 de julio de 2011

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