Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Inbreeding, cruce incestuoso

Editado por Juan Macedo

 

El inbreeding es un material apasionante para criadores y propietarios de caballos de Carrera. Hace años había temores de aceptarlo como una solución para la mejora del purasangre. Ya para la mitad del siglo XX, son pocos los que se oponían a las ventajas del inbreeding.

 

Inbreeding o consanguinidad es, como toda la genética, una materia difícil y compleja. Visto sobre las manchas blancas y negras de un gráfico conteniendo o representando cinco o seis de los 30 cromosomas de un caballo, resulta más difícil todavía. Simplifiquemos diciendo que el inbreeding es la ciencia de escoger, para el cruce, a dos individuos que representen calidad dentro de una misma sangre. Los genes que se concentran el producto a obtenerse, resultan superiores y más cualitativos que los de sus progenitores.

 

Para tales menesteres debe escogerse a un buen ganador clásico o a un semental ya probado, que a la vez haya sido buen pistero o ambas cosas a la vez.

 

El inbreeding cerrado es aquel que se obtiene mediante el incesto. O sea, padrillo con su hija, madre con su hijo, abuelo con bisabuelo.

 

Hay que tener presente el carácter, temperamento y físico de los sujetos a cruzarse. No olvidemos que tales atributos se heredan con mayor intensidad y potencia. Un descuido en tal sentido puede ocasionar un disgusto tremendo. Todo esto sin olvidar que con cuidado y sin él, se está corriendo un gran riesgo.

 

El propietario de una yegua calificada tiene la oportunidad de lograr con ella un inbreeding intenso. Se llama así al cruce de una yegua de inbreeding cerrado con un padrillo con inbreeding también cerrado o intenso.

 

Este inbreeding debe hacerse solo con nombres de alta clase corredora y trasmisora. Hay una teoría de Sir Cecil Stratford, convertida en criterio moderno para la cría. En la de que en los rebaños de ganado y de ovejas se han mejorado las características deseadas haciendo cada vez más intenso el cruce incestuoso o el inbreeding cerrado.

 

Si este principio se aplicara con mayor intensidad en el purasangre, se comprobaría que las desventajas son más aparentes que reales.

 

Fisher es autor de un libro llamado “La teoría del inbreeding”. De él es el siguiente párrafo “La práctica de la cría en las haciendas ha llevado a la eliminación de cruces que producen poca estatura y sujetos débiles. El subconsciente campesino, que aborrece los cruces incestuosos o cruces entre la misma especie, atribuye a tal cruce la responsabilidad de la degeneración física. Esa actitud es inculta y no tiene razón de ser. La verdad es que cuando se toma a los mejores elementos de un rebaño y se los cruza entre sí mismos, todo gene, por inferior que sea, aparece aumentado con sorprendente potencialidad en el producto obtenido. En cuanto a la presunta esterilidad del sujeto así obtenido es falsa y en todo caso, si existiera, es muy mínima y se traduce por una purificación de dicho sujeto, en el que desaparecen defectos innecesarios y presentes en alguno de sus progenitores”.

 

Según lo averiguado en consulta con muchos criadores, el inbreeding cerrado no deriva en esterilidad del producto no en defectos físicos de ningún tipo. Los peligros no son tantos como se supone.

 

Está probado que el inbreeding intenso llevó al purasangre a un nivel superior al del caballo común. Esa es la razón del purasangre. Originalmente fue un caballo cualquiera. Se mezclaron los buenos con los mejores y así se llegó a crear un tipo dotado de facultades superiores al caballo común y ordinario.

 

Si se hicieran nuevos y más intensos inbreeding, mejores serían los caballos del futuro.

 

Al comienzo, el inbreeding era inevitable en el purasangre. Con el tiempo se hizo menos necesario. Fue posible separar las ramas familiares. Pero los inbreeding originales dieron mejores caballos que los de un siglo o siglo y medio más tarde hasta nuestros días.

 

Es posible que un outcrossing en un pedigree logrado a base de inbreeding cerrado, de los mejores resultados.  Eso incluso es lo que aconseja Sir Cecil Stratford. Pero estamos en nuestros días tan apartados del inbreeding cerrado original que sus efectos han desaparecido y se necesitaría volver al inbreeding de los grandes nombres en la historia del caballo reciente o actual.

 

Según el Stud Book británico, el inbreed intenso no existe en los 50 años del siglo XX. Ese inbreed sería a base de dos ancestros comunes en la tercera generación o su equivalente. En otras palabras, dos de los catorce nombres que aparecen en las tres primeras generaciones de un purasangre deben ser los mismos. Más claramente, abuelo con bisabuelo o sean un 2 por 3. Si durante ese tiempo se hubiera criado con base a esa teoría, sería sorprendente el número de maravillas que se habrían logrado.

 

Barcaldine, Flying Fox, Ksar, Havresac II, para citar algunos muy buenos. Fueron corredores y reproductores de alta calidad y son responsables de las glorias de los pedigrees de esa época. Todos ellos fueron inbreed en la segunda y tercera generación.

 

Una pregunta final: ¿Qué sería de la cría francesa si no hubiera surgido Teddy, el nieto de Flying Fox?

 

Fuentes: extraído de la Revista Turf, año 1964, Revista Equus del 24 marzo 2020 (foto)

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 30 de junio de 2022

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