Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Francois Mathet

El más grande preparador de Francia

Editado por Juan Macedo

 

Francois Mathet fue el más grande preparador de caballos de carrera en Francia. Desdé 1945 está dedicado a esa especialidad. Comenzó ganando 15 carreras planas y 14 de obstáculos con sus propios caballos. Inteligente como pocos, debió esperar, sin embargo, hasta 1946, cuando un golpe de suerte lo bañó de lleno.

 

 

Ocurrió que Francois Dupré se peleó con su preparador W. Cunnington, por la venta de Chanteur II. Buscó uno y encontró a Mathet. Hubo dificultades. Dupré quería permanecer en Chantilly, donde hay pocos establos. Mathet hizo sacrificios pero tomó los establos de Strassburger, dañados durante la guerra.

 

Dupré tenía nombre como criador para 1948. Había comprado el Haras D'Oully al Duque Decazes. Sin embargo, estaba muy por debajo de Marcel Boussac, el Aga Khan, Volterra y Rothschid. Prácticamente se unían el hambre con las ganas de comer, es decir, un preparador y un criador noveles. En 1948 Mathet escaló la novena posición de la estadística. Su mejor caballo fue Menetrier.

 

Tantieme fue el mejor caballo que haya preparado Mathet en toda su vida. Fue el mejor de 2, 3 y 4 años. Corrió 15 y ganó 12. Perdió por margen estrecho el Derby francés y el King George VI and Queen Elizabeth Stakes. Viajaba mucho y se mareaba en los viajes. Sin embargo, ganó en Epsom y en Ascot.

 

Mathet invirtió lo ganado con Tantieme en comprar establos en Chantilly y un lote de terreno en Govieux. Allí hizo su casa, orgullo de su vida.

 

En 1952 experimentó Mathet una baja en sus entradas, luego de un éxito inimaginado. Aunque nunca más tuvo un Tantieme, la lista de grandes caballos que le permitieron hacer fortuna permite destacar a Faubourgh, Bingo, Virgule, Renata, Tactic, Phil Drake, Polic, Tanerko, Sicarelle, Vattel, Bella Paola, Vamour, Dicta Drake, La Sega y Relko. Dentro de Francia estos nombres tuvieron sonoridad de trompeta.

 

Tantieme, sin embargo, le dejó un desagradable recuerdo al aflojar cobardemente en Ascot. Bella Paola perdió inesperadamente el Derby francés. Phil Drake fracasó vergonzosamente en el King George VI. Dicta Drake bajó mil por ciento su capacidad en el Derby y en el St. Leger.

 

Esos sinsabores afectan los minutos más optimistas, más calculados en la vida responsable de un gran preparador. Pero en el balance, Mathet es justo ''siempre mis caballos respondieron mejor de lo que cualquiera esperaba''.

 

Mathet dijo que fue autodidacta. Jamás pidió consejos y siempre dependió de sus propias observaciones. El mundo hípico, según él, está lleno de estúpidos, vanidosos y mezquinos. Para ellos tuvo una sonrisa piadosa y una profunda, aunque velada, indiferencia.

 

Su mejor maestro fue un incompetente instructor en Saumur. Era· tan incompetente que Mathet aprendió a no hacer las barbaridades que aquél hacía. Eso le bastó para ser un sujeto con sentido común.

 

Si hubiese habido alguna persona inteligente, quizá Mathet le habría pedido y agradecido un consejo. La escuela de Mathet ha sido el balance de sus aciertos y errores. Acogiéndose a los primeros y aborreciendo a los segundos, ha logrado su propia y magistral formación.

 

Mathet manejó primero caballos de raza, media sangre y saltadores de obstáculos. Aprendió que los caballos sirven para todo menos para alcanzar las estrellas. La mejor virtud de un preparador, según Mathet, es saber que tiene en sus manos cuando recibe un caballo. Si no es así, que abandone.

 

El preparador debe saber para qué distancia sirve un caballo porque de lo contrario lo arruina. Hay caballos que van más allá de lo que pueden, en cuyo caso tampoco deben ser sobre exigidos. Tampoco deben concederse ventajas en las carreras. La preparación es inteligencia y táctica. La gloria del caballo no viene por azar. La conquista o la bota un preparador inteligente, capaz, sereno y no empírico. Mathet dice que a los caballos solo debe pedírsele en los ejercicios la mitad de lo que darían en carrera.

 

Mathet sostiene lo siguiente: Todo caballo, stayer o sprinter se prepara idénticamente. No hay método para uno ni para otro. La cuestión es igual. Tampoco debe distinguirse al crack del corredor discreto. Ambos, aunque corren por distintos premios, deben estar en sus mejores condiciones para ganar lo que les corresponde. Por eso el procedimiento debe ser igual para todos.

 

Los preparadores no deben engañarse. Los que dicen que un caballo se alarga o se aligera, son unos embusteros y unos farsantes. La velocidad y la Resistencia es condición innata en el animal. Todo cuanto debe hacer el preparador es darle su mejor estado atlético para que esa condición se manifieste.

 

Los caballos de distancia tienen temperamento para eso. Tienen mejores pulmones y un adecuado ritmo del corazón. Esas cosas no las fabrica ningún preparador ni ninguna jeringa. Mathet insiste en llamar embusteros y farsantes a los que dicen que un caballo se alarga o se encage, es decir, se aligera o se retarda.

 

Si un caballo de largo gana en corta, todo cuanto está ocurriendo es que es superior. Nada tiene que ver lo que haya hecho el preparador. Y pobre del que crea eso, porque estará viviendo de su propio engaño.

 

Mathet dice algo más. Los caballos de larga distancia deben ser preparados en distancias cortas. Eso le permite mejorar su paso, mantener confianza y guardar sus naturales energías para el esfuerzo largo. En esa forma, un caballo puede correr de 1000 hasta 3200 metros.

 

Se dice que Mathet es reacio a correr caballos de 2 años. Sin embargo, ganó el Grand Criterium con Tantieme y Bella Paola. Texana le ganó once carreras a los 2 años.

 

Mathet admite que no es devoto de las carreras de dos años y explica: “Es un riesgo porque a veces se arruina a grandes prospectos pidiéndoles un esfuerzo prematuro. Fíjense que casi ningún dos años forzado se consagra en las grandes carreras”.

 

La teoría de Mathet es ahorrar los recursos del caballo, sus reservas físicas y anímicas. El caballo es un haz de músculo y temperamento. Cuando ambas cosas se agotan, o deterioran, termina el caballo como atleta. Por eso, el gran caballo debe ser muy limitado, cosa de que no se agote para la cría.

 

Mathet ha llegado a esta posición: Escoge a los caballos según su origen, procedencia y propietario. De lo contrario no prepara caballos. No le importa el nombre del animal. Pide referencias del padre, la madre, el criadero, el terreno que pisó, la hierba y el agua que lo alimentó y como cosa especial, qué tipo de peón lo atendió en el campo. Según Mathet, un caballo se cría a la manera de quienes lo tienen y lo cuidan. Hay que procurarle un trato semejante en los establos y en la pista.

 

Según Mathet, la pista es para el caballo lo que el campo de guerra para los militares. Sólo un 50 por ciento de los caballos y un 30 por ciento de las yeguas resisten el rigor de “su guerra”. Unos se deterioran y otros se acobardan.

 

Los más por cuestión de temperamento que por deficiencias físicas y orgánicas. Hay caballos que enloquecen con el entrenamiento y sólo se calman regresando al campo de donde no deben volver a salir.

 

Todo caballo de carreras es nervioso. El caballo firme, frío, sereno, en el momento de la carrera, es o sería el rara avis de la raza purasangre. Ese no existe.

 

Por eso el caballo de carreras comete barbaridades o hace genialidades. Vea a un caballo de carreras. Véalo bien en su vida normal y en la guerra de la carrera. Comprenderá todo lo misterioso y grande que tiene esa bella criatura hecha para conmover y enardecer a las multitudes en los hipódromos.

 

Eso dice Francois Mathet, el más grande preparador de Francia.

 

Fuentes: extraído de la Revista Turf

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, sábado 25 de febrero de 2017

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