Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Batacazos:

Son y serán un misterio indescifrable

Editado por Juan Macedo

 

Cuando un caballo de superior calidad es derrotado por otro, aparentemente inferior, la impresión unánime es que ha sido un batacazo. Esa inseguridad de triunfo del mejor sobre el inferior forma el cincuenta por ciento de la emoción de las carreras. Es una condición latente en cada carrera y la superioridad del favorito por lo regular prevalece, pero nunca se puede desestimar al adversario, por muy pequeño que parezca.

 

 

En la consagratoria Travers Stakes de 1963 en Saratoga, sucedió lo extraordinario. El supuestamente modesto Crewman derrotó a los tres mejores de esa generación, Chateaugay, Candy Spots y Never Bend. Ese fue un soberano tajo, que muy pocos olvidarán. La gente presente en el majestuoso santuario hípico sonrió por no hacer otra cosa.

 

No es la primera vez que la Travers Stakes produce sorpresas semejantes. En 1930, Gallant Fox y Wichone, grandes entre los grandes, dirimían la superioridad en una carrera campeonil. En el pleito iban Sun Falcon y Jim Dandy, este último con apuestas de cien a uno. Sucedió lo imprevisible: Gallant Fox y Wichone se caían casi cuando llegaban al final de los 1.600 metros mientras Jim Dandy pasó fácil y ganó de un viaje. Gallant Fox llegó segundo y Wichone tercero muy lejos. Fue otro batacazo donde hubo sonrisas y maldiciones que los testigos no han olvidado.

 

 

Jim Dandy tuvo después muchas oportunidades de ganar carreras. Pero jamás reeditó el triunfo obtenido sobre el gran Gallant Fox. La gente apostaba a él soñando con otro dividendo infernal. Pero se quedaron esperando. Y esperando echaban maldiciones que ellos jamás olvidarán. Esa es parte de la emoción de las carreras.

 

EN EL EPSOM DERBY

 

El Epsom Derby se corrió por primera vez en 1780. Triunfó Diomed, que más tarde se convertiría en la piedra angular del purasangre de los días actuales.

 

Diomed ganó once carreras en 19 salidas a la pista. Sin embargo, su triunfo en el Derby fue un batacazo. Con el tiempo se hizo un caballo legendario. Más tarde se ganó la indiferencia general y posteriormente se lo vendieron a un criador norteamericano por US$250 cuando el caballo tenía 22 años de edad.

 

Ya en Estados Unidos, Diomed sirvió durante nueve años más, convirtiéndose en el padrillo fundador del purasangre norteamericano. La historia no registra un batacazo mayor en la reproducción que este de Diomed en los Estados Unidos, luego de ser botado por los ingleses.

 

En 1797 hubo un soberano tajo en el Epsom Derby. Ganó un potro que hacía su estreno en la vida pistera. Ni nombre tenía. Lo presentaron con el nombre de Fidget (Afanador). Corrió con las sedas del Duque de Bedford y dejó a todo el mundo con los ojos pegados en el cielo. Fidget corrió después a los cuatro años y todavía no se ha encontrado en la carrera.

 

Amato fue otro tajo en el Derby de 1838. Debutó en esa carrera y se cotizó 30 a 1. Ganó por un cuerpo y poco después de cruzar la raya rodó espectacularmente. Fue su primera y última carrera. El batacazo fue de magnitud puesto que derrotó a Grey Momus, que más tarde ganaría grandes clásicos como la Copa de Oro de  Ascot y el Gran Michael Stakes. Su fracaso en el Derby, después del desgraciado Amato, quedó como un misterio.

 

Uno de los batacazos más sonados en el Derby fue el de 1913 con Aboyeur. En la recta final venía ganando Craganour, favorito. En su camino se interpuso Aboyeur, tajo de 100­1. En la recta final se tropezaron dos veces. Craganour apareció en el tope de la pizarra como ganador, pero luego de algunas observaciones de los Comisarios, fue descalificado y bajado al segundo lugar tras Aboyeur quedaba ganador.

 

Lo mejor vino después. Una militante de partido llamada la señorita Davis, se coló por debajo de la baranda y se arrojó delante de los caballos en un esfuerzo por llamar la atención sobre la causa que ella defendía. Los caballos salieron lesionados y la señorita Davis, por loca y fanática, salió muerta del lance.

 

La descalificación de Craganour costó un capital a los aficionados que lo apostaron y resultó pavosa para sus contendientes. Aboyeur no ganó jamás una carrera importante y después se lo vendieron a un noble ruso que pereció en la revolución bolchevique. Craganour también salió empavado o nació así. Tras una campaña irregular y accidentada, lo vendieron para la Argentina donde tuvo mejor suerte como semental y donde no obstante se ganó el mote de “El Pozo de las desdichas”.

 

En 1932 hubo otro tajo en el Derby. April The Fifth se impuso sobre la flor y nata de los caballos británicos. Después corrió en el St. Leger y terminó décimo tercero. Jamás volvió a correr.

                                  

LA SOMBRA DE SATANAS

 

¿Qué hace que esos caballos inesperados salgan de las sombras infernales en un momento inadecuado y se constituyan en desagradables sorpresas para multitud de aficionados optimistas?

 

Nadie ha podido saber a qué obedecen las sorpresas. Pero donde hay carreras de caballos hay sorpresas sin necesidad de que haya vagabundos ni ladrones.

 

En el Kentucky Derby hubo tajo en 1878. Himyar, que había ganado dos carreras en forma muy fácil, tenía el Derby a su disposición. Surgió el inesperado Day Star y en el final, como un rayo, pasó y batió a Himyar. Mientras este continuaba su campaña triunfal en el futuro, Day Star se perdió en la oscuridad del olvido. Himyar incluso pasó a ser gran padrillo, produciendo animales de la calidad de Dominó y Plaudit.

 

En 1889, el poderoso Proctor Knott fue barrido en el Derby por el desconocido Spokane. El tajo fue tremendo con la diferencia de que más tarde, en otros eventos, Spokane batió soberanamente a Proctor Knott . Tal ocurrió en el Clark Stakes y en el American Derby.

 

EL WATERLOO DE HAMBURG

 

Hamburg era el caballo más renombrado de los Estados Unidos en 1898. En la primera carrera que hizo ese año lo derrotó Bowling Brook. Hamburg no volvió a perder más nunca, no registrándose más el Waterloo de comienzos de 1898. Bowling Brook en cambio no volvió a correr jamás.

 

COLIN Y FAIR PLAY

 

Colin había sido siempre superior a Fair Play; que fue padre de Man O'War. Pero en el Belmont Stakes se voltearon las cartas. Se creyó que por los 2200 metros de la carrera, para la época, Fair Play se agotaría ya que no iba más allá de 1600 metros.

 

Para colmo, cayó un tremendo aguacero y enlodó la pista. Aumentaba así la ventaja de Colín mientras se reducía la de Fair Play. Lloviendo se corrió y la carrera terminó bajo una terrible cortina de agua. Cuando giraron el codo final, se vio un caballo como emergiendo de las cataratas del Niágara. Era Colin. Pero no había comenzado a aplaudir la clientela satisfecha cuando surgió otro caballo como un bólido y zancada a zancada luchó y pasó por el lado de Colin hasta derrotarlo por cabeza. Si el aguacero era grande y la tormenta mayor, las maldiciones de los aficionados fueron mayores todavía.

 

VOLVIENDO A HIMYAR

 

Himyar fue criado por el Mayor Barack Thomas, propietario de Dixiana Farm. Himyar fue padrillo del gran Dominó. En los registros aparecía como de color castaño pero en realidad era negro. Los aficionados lo llamaban “El Remolino Negro”.

                                                                                     

Albert Cooper, preparador de color, negro o trigueño, según sea la costumbre para decir lo mismo, probó a su remolino en 800 metros en Coney Island cuando era un potrillo. Corrió tan rápido que Cooper creyó que se le había adelantado el reloj. Probó al día siguiente y la marca fue mejor que la primera.

 

Gris de susto por lo que acababa de ver, Cooper se dio cuenta de lo que tenía. Sin embargo, ese par de pruebas le ocasionaron la torcedura del tendón que siempre afectó al caballo y que se le fue agravando con el tiempo, razón por la cual lo corrían con vendas.

 

Sin embargo, ganó 19 carreras en 25 salidas a la pista. Dominó murió tempranamente. Fue un golpe duro para el elevage norteamericano su prematuro deceso. Murió de meningitis en 1897 cuando comenzaba a nacer su primera producción. El Mayor Thomas autorizó su entierro en la hacienda y ordenó un monumento con esta inscripción: “Aquí yace el más veloz de los corredores y el caballo más generoso que haya dado el turf norteamericano

 

Fuentes: extraído de la revista Turf.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, viernes 26 de febrero de 2016

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