Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Roque Yoris

Por Juan Macedo

 

Para cualquier hípico de la vieja guardia el nombre de Roque Yoris tiene el impac­to de los recuerdos de una época maravi­llosa. Don Roque, también conocido en el medio hípico como “El Comandante”, nació en Capatárida, estado Falcón el 16 de agosto de 1904 y siempre admitió que los dos grandes hemisferios que con­forman su vida son el castrense, al que estuvo vinculado hasta 1955, y el hipismo, del cual ha formado parte de una u otra forma desde 1937, ya que proviene de una familia de criadores y ha estado en ese medio campestre desde que era niño.

 

Antes de ser entrenador, propietario y criador, fue jinete en la especialidad de Gentlemen & Riders en 1937, cuando tenía el gra­do de Teniente de Artillería. Com­pitió en pruebas de obstáculos y se mantuvo siempre li­gado a la equitación. Para entonces, como militar activo,  se desempeñaba como comandante de los Transportes Militares del ejército, ubicados detrás de las caballerizas de La Quebradita en el viejo e inolvidable Hipódromo Nacional El Paraíso.

 

Sin haber abandonado la carre­ra militar, Roque Yoris tomó parte activa en el hipismo del Hipódromo Nacional El Paraíso, pues desde 1943 obtuvo su matrícula como en­trenador y comenzó a preparar los ejem­plares de su propiedad. Comenzó con un purasangre argentino de nombre Velero con el que ganó más de 20 carreras, luego tuvo a Chicalinda y un criollo llamado Pajarito, este último fue con el que obtuvo su primer triunfo el 21 de noviembre de 1943; estos nobles brutos le dieron satisfacciones en una época que resultaba emocio­nante ser entrenador. Luego, cuando la hípica tuvo su explosión de progreso y se proyectaba hacia un mejor futuro, vinieron caballos y yeguas cuyos nombres tienen cabida en la historia de nuestro hipismo.

 

En 1950 fue motor primordial para traer a Venezuela al entrenador argentino Alfonso L. Salvati, y al año siguiente, junto a otro gran hípico Don Carlos Márquez Mármol, a Millard Faris Ziadie.

 

Ese año 1950, su gran caballo Sabaneta estaba viejo y adolorido, próximo a su retiro de la pista, ya con siete años, pero con una gran vida pistera ya que estaba entre los veinte animales mayores ganadores de carreras y dinero en el hipismo de la época. En ese momento lo preparaba el gran entrenador argentino Alfonso L. Salvati. "Sabaneta no tiene vida” le decía Don Alfonso al Comandante y le propone retirarlo de la pista. Don Roque dijo “lo voy a preparar por un mes para demostrarte que el caballo echa de menos sus cuidados”. Lo increíble, lo hace ganar una carrera válida con la monta de Félix Sabino Pérez, Salvati no lo podía creer, fue la victoria número 21 de Sabaneta.

 

El único ejemplar clásico, en copropiedad, fue el argentino Stanley en el Hipódromo Nacional El Paraíso, que ganó los Clásicos Gobernador del Distrito Federal y Fuerzas Armadas, éste último en empate con Atorrante en 1951; también ganó la Polla de Potrillos en 1950.

 

 

 

En 1953 asumió la Presidencia de la Directiva del Hipódromo Nacional El Paraíso hasta el año 1954, que dirigió con gran aplomo y ecuanimidad. Era una época en la que no se puede decir si el manejo del hipismo era más o menos difícil que ahora, pero en la que haya que reconocer, había menos posibilidades para llevar a cabo exitosas empresas y proyectos que en la actualidad.

 

 

A él se le debe haber hecho realidad el Hipódromo La Rinconada, al comprarse durante su gestión los terrenos del Haras La Rinconada, propiedad del insigne hípico Don Enrique Lander Alvarado, además organizó la Escuela de Jinetes y todo lo concerniente a la Caja de Ahorros y demás beneficios para los Empleados del Hipódromo. Adicional a ello, instaló el entonces novedoso sistema de Foto Patrulla, para el seguimiento al mínimo detalle de una carrera; mejoró el Teletimer y puso la Pizarra Eléctrica por primera vez en Venezuela. Todo un  portento, en apenas un año de gestión.

 

 

En 1955 manifes­tó a sus superiores el deseo de retirarse como militar activo. Era entonces Teniente Coronel, grado que conservó de acuerdo a la Ley que rige la materia. Ese mismo año se ocupó a tiempo completo del entrenamien­to de caballos, pero nunca re­cibió ejemplares de otros propietarios que no sean los de sus hijos y amigos por los que sienta un afecto especial como el que ellos mismos le profesan.

 

Ese año, con el irlandés Velero II sucede otra anécdota simpática. Este fue un noble purasangre de lotes inferiores, medianamente productivo. Se acercaba su retiro por límite de edad, ocho años, y lo preparaba Francisco Rodríguez Verdú, que dijo “No tiene vida”. Don Roque se empeña en sacarle una carrera antes del retiro para demostrarle a Don Francisco que no entiende al caballo. Lo preparó un mes y logró un segundo detrás de caballo Ñame.

 

Roque Yoris le rindió homenaje a su patria chica al denominar Falcón a su stud y registrar sus pupilos con los nombres de Dabajuro, Capatárida, Churugua­ra, Cumarebo, Punto Fijo y tan­tos más, nombre de regiones, caseríos, frutos y todo aquello a través de lo cual puede identificarse al Es­tado Falcón. Los caballos de la familia, de sus hijos, son nacidos y criados en el Haras Falcón, que llegó a ser el Haras activo más antiguo de Venezuela, que fue fundado en 1953 en Cúa, Estado Miranda, pues en ellos, además de su familia, encontraba la recompensa de sus esfuerzos y el amor del noble bruto que siempre veneró.

 

Se le mencionó poco en la prensa porque no es dado a la publicidad, ni siquiera recordamos haberlo visto por televisión o escu­chado por radio dando informaciones de pronós­ticos. Siempre procuró mantener una línea de conducta que no dio margen para apre­ciaciones erradas sobre su persona y su forma de ser, demostrándolo con hechos, ya que a lo largo de casi cinco décadas realizó un trabajo efectivo, aunque silen­cioso, muy acorde con su forma personal de ser.

 

Como un detalle curioso y anecdótico, en 1953, uno de los mejores sprinters de aquella Época de Oro del Hipismo Venezolano y de su propiedad, Punto Fijo, bate el record de los 1100 metros en 66”3. Años después, en 1970, su nieto materno, criado por Don Roque, Marín, bate el record para ejemplares criollos en 1200 metros en el Hipódromo de La Rinconada en 71”1.

 

Mantiene el record como propietario en el hipismo venezolano, que con cinco ejemplares de su propiedad alcanzó cien victorias, esos inolvidables ejemplares fueron: Velero, Sabaneta, Dabajuro, Churuguara y Marín. Al final de su carrera como entrenador sólo se dedicó a criar y a entrenar, su record como entrenador fue de 214 victorias y para el momento de su retiro en 1988, era el Decano de los entrenadores en el Hipódromo La Rinconada, en cuya caballeriza cobijó y formó a entrenadores como Julián Cadore, Francisco Rodríguez, Alberto Mejías Llamozas y Juan Arias; e hicieron pasantías jinetes aprendices como Ángel Parra, Juan V. Tovar y muchos otros más. Se caracterizó por el cuido con excesivo celo y cariño por el purasangre, dedicación exclusiva. No pocos problemas tuvo con los peones en los últimos tiempos, era otra su escuela. Estaba horrorizado y desencantado con el cuido de los ejemplares en su última etapa. Su última victoria como tal fue en Septiembre de 1987 con Bachurkina montada por el también fallecido Duvely Méndez. Como propietario alcanzó la suma de 325 victorias con 75 ejemplares ganadores.

 

El 22 de diciembre de 1993 dejó de existir el Teniente Coronel Roque Yoris, que se le recordará como un verdadero personaje de la hípica, autentico, ampliamente conocido y respetado; un hombre cabal, familiar y un hípico de corazón.

 

Fuentes: Revista Gaceta Hípica, Sr. Armando Pacheco Martínez, Sr. José R. Yoris Soulés, Sr. Roque A. Yoris Soulés, Sr. José R. Yoris Fermín.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 05 de julio de 2007

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