Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Ramón Rotundo Mendoza

Por Juan Macedo

 

Don Ramón Modesto Rotundo Mendoza nació en Guacara, estado Carabobo, el 24 de febrero de 1883, hijo de Alejandro Rotundo Osío y Doña Trinidad Mendoza Blanco. Contrajo enla­ce con Doña Luisa Talavera Montes de Oca el 18 de diciembre de 1912, de cuyo matrimonio nacie­ron cuatro hijos: Luis Alejandro, Ramón, Gustavo y Alfredo. Su nombre brilló en la época en que el hipis­mo en nuestro ambiente tenía más calamidades que alegrías, ya que prestó su más amplio apoyo personal; sus conocimientos, su entusiasmo y sobre todo su anhelo, puesto de manifiesto durante largos años para que el gran deporte subsistiera a pesar de todo que por muchos años tuvo que so­portar. Y lo hizo siempre dándose por entero a las labores que le encomendaron y que supo desempeñar con toda eficiencia y con toda honradez, así su nom­bre, al frente de los más variados cargos directivos, fue garantía de progreso y de absoluta imparcialidad.

 

Incorporado muy joven a la pléyade de auténticos hípicos que data de 1914 (en la época de las vacas flacas que se empeñaron en transformar en la de las vacas gordas), Don Ramón Rotundo Mendoza, fue siempre el hípico desinteresado y generoso que puso a la disposición del turf su tiempo disponible, sin que jamás obtuviera remuneración alguna y lo que es más encomiable, conjuntamente con algunos de sus íntimos amigos, ligados al turf, entregando de su bolsillo para solventar necesidades urgentes de escasa monta, pero de imprescindible recurso para que aquellas breves temporadas pudieran iniciarse y llegar a feliz clausura.

 

Ligado con lazos de amistad indestructible con otros hípicos de aquellos días y cabe mencionar aquí los nom­bres de dos pioneros: Don Celestino Martínez y Don Fernando Talavera, eran famosas sus tenidas en la oficina de la esquina de San Francisco, discutiendo y buscando fórmulas para que el turf lograra sobrevivir, sin que el lucro fuera la meta de sus aspiraciones… y cómo podía serlo si el presupuesto mensual asignado a la Junta Directiva del Hipódromo, en un decreto del Po­der Ejecutivo, alcanzaba a la fabulosa suma de Bs. 780 para secretario, alquiler de casa, teléfono, portero, alumbrado y gastos generales.

 

En el año 1929, con motivo de disputarse en La Habana, Cuba, el Clásico Presidente de Cuba, viajó Don Ramón como representante por Venezuela, que llevaba tres ejemplares: Imbrod, Llamadista y Cardinal, a fin de competir en esa prueba internacional. En efecto Cardinal, conducido por Rafael Quiroga, logró llegar empatado a la meta con el defensor de los colores cubanos King Davie, pero pese a las protestas de los aficionados de que el criollo habia ganado, todo resultó lo contrario debido a que los comisarios decretaron el triunfo para el ejemplar cubano. Como hípico aficionado al fin, Don Ramón, a su regreso pasó por Puerto Rico donde le interesó en sumo grado el movimiento hípico. En esa ciudad logró obtener informes sobre el juego Pool que más tarde constituyóse en Caracas como el juego oficial. Primeramente pudo hacerlo entre particulares pero poco a poco el juego fue tomando bases y asi convirtióse en el juego de las mayorías, finalmente llamado "cinco y seis".

 

El record de actividades de Don Ramón Rotundo Mendoza, dentro del turf, abarcó todos los conceptos me­nos el de propietario; por la misma índole de sus cargos, se abstuvo de tal actividad y no por que le faltara opor­tunidad, pero quien como él fue Juez de Peso, Comisario, Handicapper único -vale decir con plenos poderes- Ad­ministrador del Hipódromo y Tesorero de la Junta Direc­tiva y siempre sin remuneración alguna y dedicando las horas libres, las que le permitían un elevado cargo que desempeñaba en el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde trabajó durante 35 años. Estas horas libres estuvie­ron siempre al servicio del deporte, que comenzaron en 1914 y a las que puso fin cuando el turf comenzaba a marchar sobre bases firmes que él había ayudado a construir.

 

El 20 de diciembre de 1953, la junta directiva del Hipódromo Nacional El Paraíso le rindió un homenaje público en reconocimiento a sus múltiples ocupaciones en pro del turf nacional. Retirado de toda actividad, en sólo dos ocasiones hizo acto de presencia en La Rinconada para ver triun­far en ambas a la magnífica yegua Pensilvania, propiedad de su hijo Gustavo Rotundo Talavera, al adjudi­carse los eventos Clásicos Simón Bolívar y Clausura en la temporada de 1959.

 

Don Ramón Rotundo Mendoza falleció en Caracas, donde reposan sus restos, el 4 de enero de 1962. Cabe decir que estampó en cada uno de sus actos el sello inconfundible de su disciplina, honradez y capacidad administrativa y así, durante su larga actuación, se constituyó en una de las figuras más conocidas y respetadas de nuestro hipismo.

 

Fuentes: Revista La Fusta, Revista Gaceta Hípica, Diario El Universal.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 6 de diciembre de 2007

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