Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Rafael Barboza Montiel

Por Juan Macedo

 

Don Rafael A. Barboza Montiel fue uno de los pioneros del hipismo zuliano. Nació en Maracaibo el 28 de noviembre de 1905, fue un hípico en la más amplia aceptación del concepto, pues alternó dentro del turf en sus dos aspectos más destacados: como criador y como propietario. En ambas actividades se inició en su ciudad natal, en el Hipódromo de Santa María, presentando ejemplares mestizos nacidos en su finca, donde luego se criaron y desarrollaron ejemplares de pura sangre, que en nuestro medio dejaron constancia indudable de su calidad.

 

Radicado en Caracas, donde se instaló en 1937 representando prestigiosas firmas de su terruño, se incorporó inmediatamente al ambiente hípico del Hipódromo Nacional de El Paraíso y una de sus primeras inversiones las hizo con el ejemplar Cuatro Cerros, bastante costoso para el momento, de origen argentino y que no justificó ni su costo ni las aspiraciones del Sr. Barboza, al punto que a poco andar fue rebautizado con el remoquete de Cuatro Carros. En cambio La Oración, otro de los ejemplares que defendieron su divisa, le dio satisfacciones y recompensó sus aspiraciones.

 

Lanzado a la vorágine de la hípica, Don Rafael Barboza no escatimó inversiones y si bien en algunas ocasiones incursionó como Entrenador logrando algunos triunfos con sus ejemplares, llegó el momento en que se vio obligado a contratar profesionales foráneos, entre los que figuraron Domingo Cammareri, Don Carlos Quezada Barrera (que se hizo presente en 1952), el prestigioso Alfonzo Luis Salvati, que fue además su asesor en la compra de destacados ejemplares argentinos que le brindaron innumerables satisfacciones, y, posteriormente contrató a Bernabé Cazuriaga y al jinete chileno Jerónimo Cabrera al que se conoció como "El Indio Cabrera". Simultáneamente con la presentación de Don Carlos Quezada, patrocinó al jinete Manuel Camacaro, que se había desempeñado junto a él en Maracaibo y al que impuso en Caracas contra viento y marea, pues eran muchas las opiniones adversas.

 

El hipismo, que tiene sus alternativas, pues brinda satisfacciones también tiene su reverso, y así, el ejemplar Impávido, cuyo costo para la época fue uno de los más altos (Bs. 22.000,00) ganó apenas una carrera y poco después moría de una trombosis, mientras otros, como el criollo Moisés, criado en su haras del Zulia, totalizó en su campaña más de Bs. 300.000,00; y ya que se hace mención de su Haras Bolivia, corresponde decir que allí mismo nacieron y se criaron, entre otros: Imperial, Miss Mara, Morenita y Año Nuevo. Otro revés fue cuando Impulso venía ganando la Polla Conrado Maggiorini y apenas faltaban unos 200 metros para la meta, el potro Tiburón (que había tumbado su jinete y venía en sentido contrario) fue a chocar en forma violenta con los punteros produciendo un serio accidente donde Impulso salió lesionado y el otro purasangre, Atómico, falleció en el acto.

 

Don Rafael Barboza tenía especial preferencia por los nombres que comenzaban con Imp y por ello, tras de haber hecho correr con sus nombres primitivos a Cuatro Cerros, La Oración, Recodo, Avalancha, Dirceo, Caratón, todos sus pupilos así como los de sus familiares, fueron rebautizados figurando entre los más destacados: Impulsivo, ganador de los Clásicos Fuerzas Armadas y Clausura de 1944, aunque cabe dejar constancia, que este ejemplar corrió en sociedad con otro hípico de buena cepa: Don Julio Nery Reyes. Y en tren de recuerdos, vale la pena recordar que al llamarse a inscripciones para el Clásico Simón Bolívar de 1950, el señor Barboza que confiaba plenamente en Suivi, criterio que compartía en forma total su entrenador Alfonzo Salvati, creía que éste bastaba y sobraba para imponerse en la competencia, pero su esposa, Doña Carmen Esparza de Barboza, impuso su criterio de que debía figurar también Impetuoso... y éste fue el vencedor, mientras Suivi arribaba en el tercer lugar, lo que quiere decir que pudo más la intuición femenina que la opinión de los expertos.

 

 Impetuoso ganando el Simón Bolívar

 

Sería larga la enumeración de los Imp que defendieron los colores del señor Barboza, pero merece recordar a algunos de los más destacados y que con sus triunfos en varias Temporadas le permitieron figurar en las Estadísticas de mayores ganadores, como Impasible, Imprevisto, Impensado, Ímpetu, Impertérrito, Imponderable, Impalpable, Impar, Imperatrice e Impetuoso.

 

Como anécdota interesante, está en Buenos Aires, Argentina, la Basílica de Luján, donde está la patrona de los profesionales del Turf Argentino, Nuestra Señora de Luján, y en dicho altar hay ofrendas de los diferentes protagonistas hípicos (sillas, casquillos, fuetes, estribos, chaquetillas, etc.) y el Don Rafael, cada vez que ganaba uno de sus pupilos, de inmediato hacía un cheque a nombre de los Padres Redentoristas por 100 dólares para dicha basílica.

 

Don Rafael Barboza contrajo matrimonio con Doña Carmen Esparza que fue no sólo su compañera hogareña, sino también asidua coparticipe en las actividades hípicas de su esposo. De este matrimonio nacieron Elba Barboza de Villalobos, Dr. Arturo Barboza Esparza (Médico), Rafael (Veterinario) y el único radicado definitivamente en Caracas, donde ejerce su profesión con señalado éxito; Gustavo (Ingeniero Agrónomo), José Humberto (Ingeniero Lácteo) y Josefina Barboza de Machado. En las postrimerías de 1956, atacado de grave enfermedad y presintiendo su cercano fin, logró que sus familiares lo trasladaran a su ciudad natal. Quería morir en ella y en su Quinta Hogareña, expiró el 18 de diciembre de 1956 rodeado de sus familiares y la legión de amigos que supo conquistar. El acto del sepelio, al que invitaron entidades comerciales y sociales de Maracaibo, sirvió también para ratificar las simpatías que había logrado conquistar en los distintos ambientes donde actuó.

 

Por su trayectoria dentro de la hípica nacional, el nombre del señor Rafael A. Barboza Montiel perdurará dentro de los más destacados de nuestras actividades hípicas.

 

Fuentes: Revista Gaceta Hípica, Revista La Fusta, Sr. Roger Pérez

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 7 de diciembre de 2006

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