Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Pedro Baptista

Por José M. Gil

 

Don Pedro José Baptista nació en Cumaná, estado Sucre, en el año 1906. Fue propietario de caballos toda la vida con sus buenos y malos momentos. A lo largo de su vida fue un enamorado de los purasangres. Como propietario se convirtió en el nervio motor de la cruzada que llegó a su hora estelar en este rol cuando, en un gesto de moderno quijotismo, arriesgó una buena cantidad de dinero para inscribir a su caballo Cañonero en el Derby de Kentucky, una carrera reservada para los mejores y que sólo ganan los buenos, pese a que en más de una ocasión fue tildado de loco.

 

Pedro Baptista, era dueño de una fábrica en Caracas, que producía una amplia gama de productos de cromo y muebles, incluidos las camas para el ejército. El negocio, iniciado por su abuelo en el año 1901, fue tomado por Pedro en 1942. Fue la industria más grande de su tipo en Venezuela. "Yo solía trabajar 18 horas al día", dijo Baptista en una ocasión "Ahora sólo trabajo ocho o diez

 

Considerado uno de los hombres más ricos de Caracas en su época, Pedro Baptista vivió en un Castillo que perteneció al dictador Marcos Pérez Jiménez, quien fue depuesto en 1958. Entre las curiosidades que tenía su casa es que tiene su propia discoteca privada en el sótano. Don Pedro era un hombre rechoncho, moreno, con una cicatriz en la nariz, se le consideraba algo así como un excéntrico en Venezuela, bohemio, soñador. Lo podían ver en el centro de Caracas y se confundía con un vago, sin dientes, sin afeitar, trajes holgados. Pero era probable que tuviera miles de bolívares en el bolsillo.

 

Fue sido propietario de caballos desde 1950, y su establo llegó a tener a más de 50 ejemplares. Sus inicios como propietario no fueron nada alentadores, compró nueve caballos y ninguno salió de perdedor. Eso lo hizo supersticioso, así que dejó de correr sus caballos bajo su nombre. En Caracas tuvo dos Studs con nombres híbridos: Viglayape y Glalu, ambos compuestos por combinaciones de las primeras letras de los nombres de sus familiares. El caballo criollo Díscomo fue el mejor representante de los colores de Don Pedro en La Rinconada, pero también destacó con Melody, ganadora de la Polla Acrica de 1968.

 

Después de comprar el potro de Luis Navas, lo primero que hizo Pedro Baptista fue llamarlo Cañonero en honor a los grupos musicales populares que se instalaban en la Plaza de Bolívar en la Caracas de antaño. El potro ha sido renombrado como Cañonero II en Norteamérica porque ya existía un Cañonero. Allá corrió bajo el nombre de su nuero, Edgar Caibett, pero Caibett no posee acciones de Cañonero, Don Pedro es el verdadero dueño. Cañonero logró sorprender a todo el mundo hípico con un triunfo inesperado y ratifico su poder al imponerse posteriormente en el Preakness Stakes, consiguiendo así para los colores de Don Pedro, nada menos que dos coronas de la triple joya del hipismo norteamericano. Uno de los mayores orgullos que Don Pedro sintió fue el poder disfrutar de las notas del Himno de Venezuela en tierras lejanas.

 

 

Insistió en procurarse glorias hípicas. Se hizo de cinco potrillos americanos y los inscribió en la Triple Corona Britanica y por supuesto en la norteamericana. Nada podía opinarse contra el optimismo de Don Pedro Baptista, ya que cuando metió a Cañonero en el Kentucky Derby lo llamaron iluso pero se dio el gusto de ganar la carrera. De esos potrillos, solo Léxico participó en el Kentucky Derby sin éxito, pero realizó una exitosa campaña en Venezuela y Canadá.

 

Don Pedro Baptista falleció el 5 de mayo de 1985, coincidencialmente dos días después de asistir al Hipódromo La Rinconada para la entrega del galardón correspondiente a la Copa Cañonero de ese año, así finalizando la historia del Quijote Venezolano que encontró a su Dulcinea en Churchill Downs.

 

Fuentes: Revista Bloodhorse, Diario El Nacional, Diario El Universal, Revista Gaceta Hípica, Ing. Juan Macedo.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 26 de enero de 2012

Copyright 2000, Anécdotas Hípicas Venezolanas C.A. Todos los derechos reservados