Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Eduardo Perich

Editado por Juan Macedo

 

Eduardo Perich fue persona apreciada y distinguida en los círculos sociales y deportivos de la ciudad por sus dotes de caballerosidad, honestidad y ejemplar vida ciudadana, uno de los pioneros de nuestra pujante e incipiente hípica, motivo por el cual la gran familia hípica zuliana lo tiene en su eterno recuerdo. El Gordo” como cariñosamente se le decía desde mozalbete en nuestro hipódromo fue de los que más se interesó y trabajó para que la reapertura de nuestro coso hípico fuera realidad.

 

Ocupó cargos directivos donde distraía tiempos a sus negocios por el solo interés de que la hípica regional ocupara el lugar que el Zulia se merece.

 

Como propietario el Sr. Eduardo Perich sostenía una cuadra de ejemplares que si bien le proporcionaron satisfacciones en varias oportunidades no es menos cierto que estas satisfacciones iban acompañadas del sacrificio que supone en las precarias condiciones económicas de nuestro hipódromo el mantenimiento y cuidado de varios ejemplares de carrera. Machango, Cravate, Burguesito, Tundra y Ajaccio fueron, entre otros, los brillantes purasangres que pasaron por su cuadra.

 

Eduardo fue el preparador de sus ejemplares a los que propiciaba cuidados casi paternales y llegó inclusive a desempeñar la Presidencia de la Unión de Preparadores cargo en el cual logró importantes reivindicaciones para sus compañeros de profesión.

 

Como anécdota, en el año 50 se realizaban las carreras el domingo en la tarde y Eduardo Perich tenía un potro purasangre llamado Vencedor que tenía la costumbre de no partir. Con paciencia lo cuadraba los días de carrera y no tenía ni siquiera la satisfacción de verlo partir. Después de agotados todos los recursos, por fin el potro partió, con la mala suerte que el foete con que le hizo cuadrar le quedó en la mano a Eduardo. Este, desesperado porque su jinete corría sin foete, pensó rápidamente y se le ocurrió irse a la curva final para darle el foete en plena carrera, menos mal que el potro venía galopando y Eduardo con la emoción no le quedó otro camino que correr a toda velocidad por la parte interior de la cancha y casi iguala la carrera de su caballo. Se escuchó la voz del narrador interno "Señores, que mutual, pagará un buen dividendo: Vencedor primero y Perich segundo". Causo risas pero demostró Eduardo su gran afición desde infante.

 

Pero en Eduardo no solamente se reconoció su aporte por el desarrollo de la hípica. Esposo y padre ejemplar lo sacrificó todo por el bienestar de su familia y prueba de ello es el hecho de haber abandonado las comodidades de la ciudad para trasladarse al campo con la única finalidad de arrancar de la generosidad de la tierra las riquezas que permitiera asegurar la educación de sus hijos y el bienestar de su hogar.

 

Pero no contó Eduardo Perich con que todos sus sacrificios, todo su optimismo, todos sus sueños iban a ser cercenados el 16 de mayo de 1962 por el filo del machete asesino que lejos de su hogar y donde había cifrado sus esperanzas de progreso, cegaron su vida en la emboscada que manos criminales le tendieron cuando se disponía a regresar a su hogar donde el cariño de su esposa e hijos le esperaban con inquietante ansiedad.

 

Eduardo Perich falleció pero su recuerdo y su obra perdurarán entre quienes le conocimos y tratamos de cerca y queda para sus familiares el reconocimiento de la labor realizada por él, la que siempre tuvo como meta el bienestar de quienes lo rodearon.

 

El 25 de mayo cuando sonó el clarín para iniciar la jornada nocturna de carreras hubo recogimiento y pesar en el corazón de los hípicos que más de una vez latió al unísono con el del compañero muerto y un minuto de silencio en honor del desaparecido será el indicio de que Eduardo Perich todavía vive en el recuerdo de esta afición que sabrá cosechar los frutos del esfuerzo de este pionero de nuestra hípica a quien se debe gratitud y reconocimiento eterno. Tiempo después, en el Hipódromo de La Limpia, se le instituyó un trofeo en su honor.

 

Fuentes: Extraído de la Revista Hípica Zuliana mayo 1962, Sr. Henry Osorio, Tte. (R) Eduardo Pulgar.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, viernes 31 de diciembre de 2021

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